
Vivimos en un mundo donde la incertidumbre y la desilusión parecen dominar. Pocas personas encuentran a alguien que las ayude a reconstruirse, sin palabras, en silencio.
Al relacionarnos, buscamos en el otro un reflejo de nosotros mismos. En psicología, esto se llama teoría de la similitud: la tendencia a acercarnos a quienes comparten nuestros gustos y valores.
Pero aquí está el problema: creer que para conectar con alguien es necesario que tenga los mismos gustos puede limitar nuestras relaciones y nuestra sanación emocional.
Con el tiempo aprendí que hay personas que, sin compartir todo contigo, reparan con gestos simples lo que otros rompieron.
Lo hacen de forma tan natural y curativa que devuelven la esperanza en el amor y la vida. Estamos tan atrapados en la idea del amor eros ese amor apasionado y romántico que olvidamos algo fundamental: mientras no sanemos las heridas del abandono, viviremos en conflicto con quienes amamos.
Hay gestos que curan sin palabras: un abrazo sincero de un amigo, una escucha atenta, una sonrisa que llega justo cuando el alma está cansada de la tristeza.
Cuando tu parte hipervigilante se relaja y te sientes seguro, descubres que el amor no se limita a la pareja. A veces, está en el abrazo de un niño, en la mirada que te hace sentir valorado y querido. No tengas miedo.
Permite que personas sanas te ayuden a sanar. Aprende que no todos son iguales. Rompe las cadenas que aprisionan tu alma y que te han hecho creer que no mereces ser feliz.
La sanación empieza cuando te das permiso para recibir amor en todas sus formas.