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Elegir el silencio también es comunicarse

En un mundo donde se valora tanto la sociabilidad, a menudo se olvida que el silencio también es una forma legítima de estar. Como explica Susan Cain en Quiet: El poder de los introvertidos en un mundo que no deja de hablar (2012), la tendencia social hacia la extroversión ha invisibilizado la importancia de la introspección y la necesidad de espacios propios, donde el silencio es sinónimo de autocuidado, no de defecto.

No hablar con todos no implica rechazo, soberbia ni frialdad. Según la psicóloga Anne Katherine (Boundaries, 1991), establecer límites saludables es una forma esencial de proteger nuestra energía emocional y definir quiénes somos. Elegir cuándo y con quién hablar, o reservarnos para relaciones que realmente nos nutran, constituye un acto legítimo de autoprotección y respeto hacia nosotros mismos.

Ser reservado no es una debilidad, sino una forma de cuidado personal. Carl Rogers (1961) insistió en que cada persona tiene derecho a ser auténtica y a decidir qué, cuándo y con quién compartir sus pensamientos o sentimientos, sin necesidad de buscar la aprobación o comprensión de todos.

Hay quienes necesitan el diálogo constante para sentirse vivos, y otros como señala Susan Cain encuentran fortaleza en la observación, los espacios de soledad y la introspección.

Ambas formas de estar en el mundo son igualmente válidas. Como recuerda Jon Kabat-Zinn (Full Catastrophe Living, 1990), el silencio y la autoescucha son herramientas poderosas para reconstruir nuestro equilibrio emocional.

No debemos sentirnos culpables por no querer explicar nuestra vida a cualquiera, ni por preferir la soledad antes que conversaciones vacías.

Establecer límites y espacios de silencio, como expone Jeanne Carbonnier en El arte de callar, no solo es un arte, sino también un derecho y una necesidad psicológica.

Comunicar no siempre es hablar. Paul Watzlawick, en La pragmática de la comunicación humana (1967), sostiene que el silencio también es una forma de comunicación. Nuestros gestos, miradas y actitudes pueden transmitir más que nuestras palabras.

Y lo más importante: no necesitas la aprobación de nadie para ser tú mismo. Como afirma Rogers, el camino hacia la autenticidad comienza por aceptarnos y respetar nuestro propio proceso, lo que incluye elegir el silencio cada vez que lo necesitemos.

¿Y tú eres de los que se comunica con todos o eres reservado y selecciona con quién hablar?

Ambas opciones son válidas. Algunas personas disfrutan conversar y compartir con variados círculos, encontrando energía en la interacción constante, mientras otras prefieren reservar sus palabras y emociones para vínculos selectos, priorizando la calidad sobre la cantidad. Lo importante es respetar tu propio ritmo y necesidades, reconociendo que tanto la sociabilidad como la reserva tienen su propio valor y sentido, dependiendo de tu esencia y tus circunstancias.

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